Este es el
título de un artículo publicado por el Dr. Mario Alonso Puig el 23 de
septiembre de 2020.
En estos
momentos en los que seguimos viviendo con la pandemia a causa del Covid-19 nos
puede iluminar la lectura de este artículo.
Me encanta leer
“no solo los virus contagian, también el pesimismo se contagia a niveles
difíciles de imaginar”
El Dr. Mario
Alonso Puig hace referencia a la generación del 98 en la que destacaron
personas en el campo de la cultura pero que se dejaron invadir por el
sentimiento de tristeza ante la tierra perdida… pero no todo el mundo se dejó
invadir por ese sentimiento... el gran pintor valenciano Joaquín Sorolla, incluso a pesar de ser criticado, decidió no vivir con ese
sentimiento y eligió “ser pintor de la luz” y así a través de su pintura mostró
un camino a seguir.
Vale la pena
dedicar un tiempo a leer este artículo porque nos invita a no dejarnos invadir
por el miedo.
Por @MarioAlonsoPuig
Los seres humanos
hemos sido capaces de adaptarnos a los entornos más diversos que hay en nuestro
planeta, desde las junglas tropicales hasta los calurosos desiertos, pasando,
cómo no, por las tundras árticas con temperaturas de 70º bajo cero. Pensar que
dicha adaptación ha sido rápida y fácil, sería faltar a la verdad e intentar
edulcorar un camino que ha estado lleno de obstáculos y sinsabores. En este
camino muchos no sólo se dejaron la piel, sino también la vida.
Todos tenemos miedo
cuando entramos en un nuevo territorio, sencillamente porque no sabemos lo que
nos vamos a encontrar. Dejar un entorno conocido y familiar no es nada fácil y,
por eso, hace falta valor, mucho valor. Sin embargo hay situaciones en la vida
en la que una serie de cambios profundos e inesperados hacen que no
tengamos más remedio que lanzarnos a explorar esa nueva
realidad que no sabemos lo que nos puede deparar. Hoy estamos precisamente en
esa situación y hemos de decidir cuál va a ser nuestra disposición a la hora de
relacionarnos con este mundo marcado por la incertidumbre. Una disposición que
va a ser clave para que podamos no sólo adaptarnos a los cambios, sino también
mejorar y evolucionar como especie, es nuestra oportunidad de dejar atrás
algunos de esos fantasmas del pasado que, tal vez ahora, vemos con una cierta
nostalgia y que, sin embargo, no añadían ningún valor a nuestra vida, porque
lejos de ser agentes de construcción eran agentes de destrucción. Me refiero a
que no venimos de un mundo perfecto, sino de un mundo con grandes conflictos
interpersonales y políticos, y en el que una gran parte de la población tenía
una marcada dependencia a medicamentos ansiolíticos y antidepresivos. Tampoco
podemos olvidar los síntomas y signos de un planeta en franca agonía.
Es en estos momentos
de duda e incertidumbre cuando más necesitamos encontrar unos pilares sólidos
desde los cuales empezar a construir una nueva sociedad. Preocuparse es algo
que se queda revoloteando en el intelecto, mientras que ocuparse implica
necesariamente acción. No se trata de un simple querer, sino de un
querer hacer y es en eso, donde está la gran diferencia.
Siempre es más fácil
en situaciones como la actual dejarse llevar por la corriente de pesimismo.
Siempre es más fácil caer en la queja y en el lamento que ponerse manos a la
obra. Siempre es más fácil encontrar culpables que soluciones y es, también,
más fácil crear adversarios que aliados. Sin embargo, esta actitud ante los
desafíos, por lógica que les parezca a algunos, sólo conduce a la ruina física
y moral de un pueblo. No sólo los virus se contagian, también el
pesimismo se contagia a niveles difíciles de imaginar. La generación del 98, si
bien dio figuras de extraordinario alcance como Miguel de Unamuno, Pio Baroja o
Regina de Lamo, era una generación que transmitía la tristeza por la tierra
perdida, esa maravillosa isla de Cuba que habíamos perdido en la guerra contra
Estados Unidos. Un pintor valenciano, Joaquín Sorolla, apodado “el pintor de la
luz”, regaló a esa sociedad española triste y sin esperanza, unos cuadros
llenos de vida. Sorolla fue duramente criticado por algunos de los miembros de
la generación del 98 por su aparente insensibilidad ante esa tristeza que
invadía España. Sin embargo, Sorolla sabía que de la tristeza no se
sale con más tristeza, sino poniendo un poco de ilusión. Por eso, él lejos
de convertirse en parte del problema, se convirtió en parte de la solución.
Es el momento de no
dejar caer el ánimo y afianzarnos en la idea de que lo mejor todavía está por
llegar, aun reconociendo que posiblemente tengamos que hacer frente a dosis
importantes de miedo y de dolor.
Si el miedo se apodera
de nuestras vidas, no levantaremos cabeza. Es necesario recuperar la ilusión,
la determinación, la serenidad, la confianza y la perseverancia. Son estas
virtudes las que nos van a permitir atravesar nuestro miedo y nuestro dolor, y
transformarlos en crecimiento y reinvención. Nos ha tocado la época que nos ha
tocado vivir y hemos de estar fuertes física, mental y espiritualmente para
poner en juego nuestra mejor versión y darle la vuelta a esta situación.
La neurociencia en
este sentido no deja dudas, vivir atrapados por el miedo, la frustración y la
desesperanza, produce daño físico en todos los órganos del cuerpo, incluyendo
el cerebro. Es precisamente en esas áreas del cerebro dedicadas a facilitarnos
la adaptación donde se produce el mayor de los daños. Para muchas personas,
aquellos otros seres humanos que aborden esta nueva situación en la que nos
encontramos con ilusión, determinación, serenidad, confianza y perseverancia,
serán simplemente unos locos. Sin embargo, tal vez sea el momento de recordar a
todas esas personas a lo largo de nuestra historia que fueron consideradas
locas y que, sin embargo, fueron las que rompieron los límites y
abrieron al resto de los seres humanos un nuevo mundo de posibilidades.
¿Por qué no decidir aquí y ahora ser también una de ellas?
Decidamos vivir
al estilo de Sorolla, siendo “pintores de luz”, es decir, elegir en medio de
tantas oscuridades, vivir con ilusión, serenidad, perseverancia y confianza en estos tiempos que nos ha tocado vivir y así “abrir al resto de seres
humanos un nuevo mundo de posibilidades”
